Francisco Torres García

La estantería del historiador

Franco y el Barça (política, fútbol y mitología separatista)

No es fácil disociar la política de fútbol o el fútbol de la política. Mucho más cuando vivimos en las circunstancias y noticias que nos agobian y que si no fuera por lo que es son espejo del vodevil, la astracanada, el surrealismo y la idiotez. En la política hay muchas mentiras, muchas verdades a medias y muchas ganas de cambiar, llegado el caso, la historia; en el fútbol también, por lo que no debieran sorprenderse mis lectores con el título.

Ahora que vivimos en medio de la gran mentira edificada por el nacionalismo/separatismo catalán -nacionalismo e independentismo son indisociables aunque muchos sigan en su particular mundo de las maravillas-, en medio del ajetreo de si este o el otro acabarán con su cuerpo en el banquillo -lo de dar con los huesos en la cárcel será otro cantar-, cabría ejemplificar con el futbol esa construcción mitológica, que ya poco tiene que ver con Wilfredo o con los Borreles, que alienta al separatismo. Esa mitología que ha cambiado el recurso a la historia de los nacionalistas decimonónicos por los agravios económicos encerrados en la falsaria y manida frasecita de “España nos roba” -lo podría poner en catalán pero no me apetece-.
Hace no poco el inefable Gerard Piqué, el chico de las lágrimas del 1 de Octubre -quizás estuvo partiendo cebolla poco antes-, pronunciaba o escribía una frase lapidaria que, a la vez, era muestra de su habitual falta de conocimientos: <<el Barça fue un bastión de resistencia contra el franquismo>>. Tontería supina que a buen seguro, en los próximos decenios de historietas separatistas, sustituirá a la leyenda de que Franco favorecía al Real Madrid para apoyar el centralismo frente al odioso separatismo que representaba el Barcelona. Sin embargo, es que el bastión de resistencia contra el franquismo mientras Franco estuvo vivo -después seguro que debió serlo- no parece que diera muchas muestras de ello a lo largo de 40 años. Sin retrotraernos mucho en el tiempo recordemos que el presidente, señor Agustín Montal, que hizo célebre aquella definición de raíz política de que el <<Barça era mes que un club>>, no dudó a la hora de condecorar a Franco en persona en la tardía fecha de febrero de 1974 con la medalla de oro del 75 aniversario (no sé si por la trastienda del fichaje de Johan Cruyff, vayan ustedes a saber). No contentos también condecoraron a José Utrera Molina que si al memoria no me falla debía de ser Secretario General del Movimiento. Nadie duda de que el Barcelona ha sido un ariete en manos del nacionalismo convergente primero y del separatismo sin máscara después, pero eso sucedió después de morirse don Francisco Franco.
Cualquiera que teclee en la red se va a encontrar con ese Barcelona al que “España, Franco y el Real Madrid robaba” en el que algunos creen a pies juntillas y con referencias al embrollo de Di Stéfano como supremo argumento. Pero si Cruyff le dejó una manita al hasta entonces pletórico Real Madrid de principios de los setenta, Franco hizo posible la supervivencia del Barcelona como <<algo más que un club>> en dos ocasiones con dos manitas. Lo que el Barcelona agradeció condecorándole en tres ocasiones. TRES.
Enumeremos: lo hizo en 1951 cuando el Barcelona ganó la Copa de Su Excelencia el Generalísimo y en el campo le impusieron la insignia de oro y brillantes. ¡Qué cosas! (Menos mal que el Barcelona no ganó la primera edición pues en la misma ponía aquello de Año Triunfal). En 1971 le dieron otra medalla de oro y en 1972 se inició la concesión de la del 75 aniversario, también de oro. Pero ya se sabe que en el Barcelona todo tiene solución y en 2016 el presidente Josep María Bartomeu decía que no le podían quitar los reconocimientos a Franco porque no existía acta oficial de tal concesión. Lo que no me extrañan haya enfadado mucho a los de la Memoria Histórica y hasta a Oriol Junqueras.
No es que yo afirme que en el Futbol-club Barcelona no hubiera antifranquistas en los años sesenta y setenta, tanto en el palco como en la grada. De hecho los había, pero de ahí a ser el bastión de la resistencia dista un mundo -aunque hoy vivamos en medio del ejemplo práctico del heroísmo separatista que somos incapaces de comprender-. Si yo fuera un amante de los tópicos y de la demagogia tendría que decir que es que en aquellos tiempos la “pela era la pela” y el “negoci era el negoci” y si hay que gritar “¡Franco, Franco, Franco!”, pues se grita. No me atrevería a tanto, pero…
Los hechos son los hechos y lo que nos dice la historia es que Franco salvó al Barcelona económicamente en dos ocasiones -cosa que no hizo con el Español que también pidió una recalificación- y que sin esa manita puede que la historia del Barcelona hubiera sido muy distinta. Eso sí, dejemos claro que los del <<bastión>> acudían al campo cuando iba Franco, con respetables llenos, y como quedan grabaciones podemos auditar el entusiasmo fervoroso con que el Jefe del Estado era recibido (claro que puede que el Movimiento comprara todas las entradas). Como la política es una cosa y el deporte otra, pues el Barcelona fue el equipo que más Copas de Su Excelencia el Generalísimo ganó (9 frente a 6 el Madrid); claro que Franco debía de amañar los partidos para que los del <<bastión>> se humillaran subiendo a recibir la copa entre un mar de aplausos y no sé si de banderas (el merchandise de la época era bastante pobretón y nadie había reparado en el negocio que representaba).
Nadie salvo su directiva tiene la culpa de que el Barcelona estuviera en dos ocasiones a punto de la bancarrota y Franco los salvara -de esto último sí que tiene alguna culpa la directiva-. La primera, la más sonora. Con el dominio futbolero del Barcelona en los años de Kubala (5 copas y 4 ligas) el campo de Las Corts se quedó pequeño (60.000 espectadores). En 1954 se inicia la construcción del Nou Camp que concluye en 1957 siendo inaugurado por el Ministro Secretario General del Movimiento -ya podían haber buscado a otro para reivindicar el bastión- José Solís y unas semanas más tarde Francisco Franco asiste a un partido en el nuevo estadio (ese mismo año había presidido la victoria del Barça en la Copa en la ciudad condal). El problemilla es que los presupuestos se habían ido de mano y el Barcelona tenía una deuda de 230 millones de pesetas de la época que conducían inexorablemente a la bancarrota. Solo les quedaba la política y los catalanes de Franco se movieron, pero no todos. El Barcelona optó por intentar vender Las Corts, que era terreno verde privado con malas condiciones para la edificación y necesitaba una recalificación que el Ayuntamiento inicialmente aceptó pero que fue recurrida. Y al final, a través de Torcuato Fernández Miranda, acabó el tema en la mesa del Consejo de Ministros celebrada en el Pazo de Meiras el 13 de agosto de 1965. Franco aprobó la recalificación y el Barça se libró de dejar de existir o de ser un club pobretón que en breve soñaría con fichar al mismísimo Pelé.
La crisis económica del Barcelona le apartó de su meteórica carrera triunfal de los años cincuenta, a la que había contribuido el gobierno con el afamado fichaje y nacionalización exprés de Kubala que el Madrid también pretendía (¡Qué lío! ¿Pero el Madrid no era el equipo del régimen y Bernabeu soldado de Franco?). El Barcelona volvió a meterse en líos económicos con la edificación del Palau Blaugrana y el Palacio de Hielo. Ahora se necesitaban 43 millones para salir del apuro que nuevamente fueron concedidos. Así que en 1971 Franco recibía la Medalla de Oro del Palau y le hacían presidente de ambas instalaciones. Lo que nunca sabremos es si Franco dio órdenes a los árbitros para que no echaran ni a Di Stéfano primero ni a Cruyff después. Es de alabar que el Barça fuera el <<bastión de resistencia contra el franquismo>> sin que el Caudillo se dedicara a perseguirlo, probablemente porque Franco era poco sectario (bueno algún idiota ha llegado a escribir que el Barcelona se la jugó a Franco fichando a Cruyff, y que el Caudillo ya no tenía poder suficiente para impedirlo como hizo en el caso de Di Stéfano, pero ya se sabe que para algunos hasta Carlos I se refugió en un monasterio catalán y no en Yuste).
Nota.- Lamento amargar a los anticapitalistas de hoy, pero seguro que podrían acusar a Franco de utilizar políticamente al Barcelona para hacer propaganda anticomunista con el fichaje de Kubala como anuncio de la decisión del régimen de apoyar a los que huían de los países comunistas (¿Cómo? ¡Que de los países comunistas no huía nadie!).

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1 Comentario

  1. Jesús Jiménez Barreda

    El Barça, la SEAT … y tantos y tantos “favores” que le debe la burguesía catalana al franquismo. Cría cuervos y te sacarán los ojos.

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