Francisco Torres García

La estantería del historiador

Autor: Francisco Torres García (Página 1 de 30)

Franco y su política medioambiental en los tiempos de la Cumbre del Clima

Tiene lugar en Madrid, en estos días, del 2 al 13 de diciembre, la 25 Cumbre del Clima para debatir y buscar respuestas ante las previsiones del denominado cambio climático, los efectos de la contaminación y otras cuestiones adyacentes que van a amparar, entre otras propuestas, la creación del llamado “banco verde”. Al que, naturalmente, habrá que dotar de fondos que repercutirán, sin duda, en el bolsillo de todos.

Coincide la Cumbre, por el año, con el 75 aniversario del fundamental Plan Nacional de Repoblación Forestal del primer gobierno de Francisco Franco. Coincidencia destacable cuando tanto se habla de la problemática de los procesos de desertificación que supongo no estarán ausentes en los debates de la Cumbre del Clima.

Resulta cuanto menos significativo que en 1938 Franco hiciera suyo un doble mensaje, el de la repoblación forestal y el de las obras hidráulicas; pasando a formar parte de lo que sería su programa político. Masas vegetales y agua son elementos clave en relación al clima.  Pero agua y espacios verdes eran asignaturas pendientes en España casi desde los atisbos de reforma enunciados en los gobiernos de Carlos III (ya se planteaban los problemas de aridez y de riego). No se ha subrayado suficientemente la cohesión y complementariedad de ambas políticas durante el régimen de Franco. Fueron casi simbióticas. Algo fácilmente perceptible cuando se comparan las gráficas de inversión en repoblación forestal y obras hidráulicas en la década de los cincuenta.

Franco era un hombre que amaba la naturaleza, que se sentía libre en ella. Retratar paisajes naturales era una de sus aficiones. Había vivido en los espacios abiertos durante la guerra de África y hasta la guerra civil otra de sus aficiones fueron las excursiones familiares. Es de sobra conocido que, en sus numerosos y habituales viajes, muchos de ellos para visitar la España interior e inaugurar escuelas, barrios, viviendas sociales, pantanos, presas, puentes, centrales eléctricas, hospitales…, llevaba una libretilla en la que anotaba las necesidades que observaba, especialmente las referidas a la repoblación forestal para eliminar la aridez y contribuir a la mejora de las zonas que veía. Notas que después utilizaba en los Consejos de Ministros para interesar al Ministro del ramo en el asunto. Más allá de la anécdota queda la obra realizada a resultas de aquellas notas.

Alguno, sin duda, habrá mostrado su sorpresa por el título de este artículo, afirmando la existencia de una política medioambiental en el régimen de Franco. Esta, a falta de estudios más específicos, estaría centrada, a mi juicio, en tres ámbitos: la repoblación forestal, el planteamiento hidrológico y sus vinculaciones energéticas, la protección y promoción de los espacios rurales.

Franco debía de conocer las acciones puntuales de repoblación forestal realizadas durante el reinado de Alfonso XIII; en los años veinte se habían hecho en su Galicia natal. También debía tener constancia de la Ley de octubre de 1935 (recordemos que entonces era Jefe del Alto Estado Mayor a las órdenes del Ministro de la Guerra) que creaba el Patrimonio Forestal del Estado. Cuando se subleva en Canarias anuncia que va a continuar con las políticas sociales y económicas que mejoren la vida de los españoles. 

El 21 de junio de 1938, mediante un decreto, se anuncia la elaboración de un Plan Nacional de Repoblación Forestal que sería aprobado en 1939. Como sería habitual, tanto en este aspecto como en el de la política hidráulica, confía su elaboración a los técnicos, a los ingenieros (Luis Ceballos y Joaquín Ximénez). El plan implica una transformación radical del paisaje español a realizar durante varias décadas. Lo que se iban a prefigurar eran unos “planes decenales” que preveían repoblar mediante inversión (no porque el bosque ganara espacio de forma casi natural como ha sucedido en las últimas dos décadas) y la acción directa 600.000 hectáreas en cada período. Esta política se mantendría, aunque en descenso en los últimos diez años, hasta 1984.

En el primer decenio no se cumplirían las expectativas debido a la mala situación económica consiguiendo reforestar 480.000 hectáreas. Sin embargo entre 1953 y 1966 se reforestan casi 1.6 millones de hectáreas, superándose en algunos años las 100.000. Tanto el I como el II Plan de Desarrollo continuarían con esta política. Así, entre 1967 y 1972, se sumarían casi 500.000 hectáreas. En total hasta 1984 se reforestarían, siguiendo esta línea política, más de 3.6 millones de hectáreas. Unos 3 millones hasta 1975. Una política que sería premiada y alabada internacionalmente.

Una labor realizada desde el Patrimonio Forestal del Estado, al que sucedería en 1971 el ICONA. Junto a este anotemos: instituciones creadas a tal efecto como el Servicio Especial de Semillas (1955), la promulgación de la legislación necesaria o la labor encomiable para participar en la repoblación forestal del Frente de Juventudes primero y de la OJE después. Todo ello implicó fuertes inversiones, especialmente en los años cincuenta, ya que en un 91% esta repoblación forestal directa fue obra del Estado. 

En esos años se creó una mentalidad propicia a la repoblación forestal y posteriormente al cuidado del medio ambiente. Una política que tuvo su complemento en la actuación del Instituto Nacional de Colonización (recordemos que se crearon 264 pueblos, construyéndose unas 30.000 viviendas en una arquitectura integrada en el paisaje con zonas verdes internas -parques- y externas en su corona) y en general de todo la obra de Colonización. Recordemos, por ejemplo, como muestra del impulso a esa mentalidad la creación de los Premios Forestales del Estado. Un Estado que también fijaba periódicamente zonas de especial interés para la repoblación como fueron los casos del Valle de los Caídos (1941), las zonas de embalses y pantanos o la de la Casa de Campo de Madrid.

Estamos ante una obra fruto de una decisión política que a la vez implicaba, cuando no era usual, una mentalidad propicia al cuidado del medio ambiente y a la lucha contra la desertificación (desde mediados de los cincuenta se prestó especial atención a la repoblación forestal en zonas de clima seco). La repoblación forestal se dirigió hacia los montes, las zonas próximas a los pueblos y las de carácter hidrológico vinculadas a las obras hidráulicas y a la fijación del suelo ante las avenidas. No solo eso, sino que al mismo tiempo se prodigaron las intervenciones para la consecución de la recuperación del suelo actuándose hasta 1975 sobre cerca de 1 millón de hectáreas.

¿Cuál es la consecuencia de esta expansión de las zonas verdes? Cualquier estudiante las podría recitar de memoria. Pero destaquemos: la recuperación ecológica, la creación de un gigantesco pulmón, la recuperación biológica de grandes espacios, la riqueza económica y, hoy diríamos, la lucha contra el llamado “cambio climático” y especialmente contra la desertificación. También la aparición de nuevos parques y espacios naturales.

Acompasada a esta política, como líneas paralelas, hay que decir lo mismo con respecto a la política hidráulica. También en esto Franco debía de conocer los planes y proyectos que estaban en el aire, todo lo tantas veces anunciado y casi nunca iniciado. Cuando acabó la guerra, el Generalísimo pidió toda la información acerca de la situación de estas obras encontrándose con la desagradable realidad de que solo había papel. Llevar a efecto lo proyectado, ampliarlo exponencialmente… era su proyecto. Fue decisión personal suya transformar la España seca y árida en España verde. Crear manchas verdes a partir de la transformación del secano en regadío con todo lo que ello significa.

Los datos están ahí y son de sobra conocidos. En total son obra de Franco, de la decisión política de Franco, la construcción de casi unas 600 presas y pantanos, ya que añadimos aquellas obras en ejecución pero que fueron inauguradas en los primeros años de la Transición; junto a ellas kilómetros y kilómetros de canales. Las cifras varían según los autores y el modo de contabilizar. Se suele hablar de que al acabar la guerra la capacidad de embalse española era de unos 2.300 millones de metros cúbicos, alcanzándose en 1975 los 24.000 millones. Otros indican que la cifra inicial sería de unos 4.000 millones, pero la final sería de unos 36.000 millones. ¿Qué supuso este incremento? Hasta 1975 la transformación en regadío de 1.4 millones de hectáreas (otros hablan de 1.1 millones), pero que debemos incrementar, debido a que las transformaciones derivadas de las obras realizadas y de las que se inauguraron tras la muerte de Franco, pero proyectadas e iniciadas por el régimen de Franco, no están contabilizadas.

No solo el regadío, que crea auténticas manchas verdes en España, fue la resultante de aquellas impresionantes obras de ingeniería. Es que esas obras permitieron que la producción hidroeléctrica pasara de 5.000 millones de kilovatios a 24.000 millones. Una energía limpia. Al mismo tiempo dio vida a una auténtica red de mares-lagos interiores (somos uno de los países con mayor número) que también contribuyen a luchar contra la desertificación y a generar recursos económicos en las zonas a través del turismo. Obras que permiten a los españoles beber agua todos los años, pese al descenso de las precipitaciones (según se afirma por efecto del calentamiento global y del consecuente “cambio climático”). Al igual que en el caso de la repoblación forestal, esta ingente masa de agua, recogida en lagos y mares artificiales (cabría hablar del mar de Extremadura), crea nuevos espacios de biodiversidad, hábitats para especies vegetales y animales que hoy forman parte de la red de espacios naturales protegidos.

No se cierra aquí la cuestión de la política medioambiental del Estado de las Leyes Fundamentales. Recordemos que la preocupación por el medio ambiente empieza a ser un tema importante a finales de los años sesenta abordándose en las Naciones Unidas (Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano), planteando la necesidad de que el tema medioambiental se integre en  el desarrollo socioeconómico. La España de Franco toma nota de ello y lo incluye dentro del proyecto de lo que será el III Plan de Desarrollo (1972-1975), creándose en 1971 el Comité Interministerial para el Acondicionamiento del Medio Ambiente, porque España no es ajena al hecho de que el crecimiento industrial, el desarrollo, ha traído cargas medioambientales a las que ahora, alcanzado el desarrollo, se  puede hacer frente. 

La política medioambiental de los gobiernos de Franco se orienta hacia dos espacios: primero, la lucha contra la “degradación progresiva” en zonas concretas (ríos del norte, las playas intensamente urbanizadas y las concentraciones industriales en las ciudades…); segundo, para la “revalorización del espacio rural y defensa de la naturaleza”.

Así se encarga la realización de un estudio para: diagnosticar los problemas en cada zona, señalar las cuestiones más acuciantes, “establecer directrices y medidas a adoptar ante los problemas prioritarios”, establecer los “instrumentos adecuados para poner en vigor estas medidas” y encargar a los organismos públicos el “control de las actuaciones”. Actuaciones que deberán ser radicales: “Las medidas que hayan de adoptarse para la corrección, protección o mejora del medio ambiente habrán de ser de diversos tipos: prohibiciones, restricciones, medidas, disuasorias, autorizaciones condicionadas, recomendaciones, normas obligatorias, directrices, acuerdos, consorcios y planes generales”. Entre otras medidas concretas se plantea para la lucha por la mejora del medio ambiente: la “desulfuración de los gases de fueloil y depuración de gases residuales que contienen anhídrido sulfuroso”, la “lucha contra la contaminación de las aguas” y el “control del ruido ambiental”.

Ahora bien, en cierto modo, el III Plan de Desarrollo también se propone enfrentarse a los procesos de abandono de actividades en el medio rural. Desde la guerra civil Franco había mostrado su interés por potenciar el turismo. A lo largo del régimen se va a desarrollar el interés por el turismo de interior o rural. Ahí está la promoción de los Paradores de Turismo o el programa de recuperación del patrimonio cultural y la restauración de edificios en no pocos pueblos. Pero también se plantea en el III Plan de Desarrollo, en lo referente  la defensa de la naturaleza, la “actuación para la protección y defensa de las zonas forestales y su utilización con fines recreativos”. En esta línea se afirma que merced a esta política: “el medio rural dejará, por tanto, de concebirse exclusivamente como lugar donde se desenvuelven las actividades agrarias, para constituir además, reservas y parques nacionales y otros lugares de esparcimiento, elementos primordiales en la moderna civilización del ocio”.

No está de más recordar todo esto cuando hoy se habla de los problemas climáticos y medioambientales, de la España vacía y de la desertificación.

“En 1945 el donativo de Franco al Patronato de Presos era de 250.000 pesetas”

Entrevista en Diario Ya sobre nuestro libro Franco una biografía en imágenes. Apuntes para un retrato personal

“En 1945 el donativo de Franco al Patronato de Presos era de 250.000 pesetas”

Redacción Diario Ya.- Este martes, a las 19.00 horas, en el Casino de Madrid se presenta una obra que, sin duda, no va a dejar indiferente a nadie y que tiene el valor de derruir lo que se definen como los “antimitos del antifranquismo”. Tras dos años de trabajo llega a las librerías el libro “Franco: una biografía en imágenes. Apuntes para un retrato personal” realizado por el historiador y colaborador de Diario Ya Francisco Torres García y por Dionisio Rodríguez. Cuenta además con un sorprendente prólogo firmado por Luis Alfonso de Borbón y Martínez-Bordiú. En el acto de presentación intervendrán también el abogado Luis Felipe Utrera-Molina y el periodista Eduardo García Serrano. Por ello hemos conversado sobre esta obra con Francisco Torres.

-Tiene usted la costumbre de dar “puñetazos sobre la mesa” cada vez que presenta un libro. Después de sorprendernos con “Franco Socialista”, que va por su segunda edición, ahora nos trae esta biografía en imágenes del Generalísimo de más de 700 páginas, en gran formato, más de 1.600 fotografías y no pocos documentos y revelaciones que van a poner de los nervios a la historiografía antifranquista. Y no han dejado en ella tema polémico sin abordar con documentos inéditos… Háganos un adelanto en primicia para los lectores de Diario Ya.

-Indique que se trata de puñetazos retóricos… ¿Una primicia? Que desde 1943 existía el Patronato Nacional de Presos y Penados. Se había constituido para ayudar a los presos o sus familias que habían salido o estaban saliendo de las cárceles, la inmensa mayoría “republicanos”, para comprar muebles, ropa, alimentos… Gran parte del dinero de estas instituciones no salía de los Presupuestos sino de donaciones, entonces “suscripciones”, y Franco contribuía a la misma todos los años. Así, en 1945 su aportación fue de 250.000 pesetas (el salario de un obrero en Madrid podía ser de unas 400/500 pesetas al mes).

-En el libro se abordan temas como la pretendida y supuestamente ilícita fortuna de Franco, la denominada “represión”, la labor humanitaria durante la II Guerra Mundial, el papel de Carmen Polo y de su hija Carmen Franco, su relación con Juan Carlos I, rebate el mito del dictador odiado y aislado, explica con detenimiento los apoyos políticos, sociales y populares que Franco tuvo…

-Me interesaba mucho ese último aspecto. Se abusa del término “dictador”. Desgraciadamente se ha perdido la precisión intelectual y no pocos historiadores, periodistas y tertulianos -estos últimos son una nueva especie- recurren a él para manipular la realidad. Abusan del calificativo sabiendo que con él convierten a Franco en un individuo de poder omnipotente y arbitrario que lo hace todo sólo y lo aplica mediante la fuerza con el concurso de instituciones odiables (el ejército o las fuerzas represivas), desaparecidas (el Movimiento)… Así ocultan no sólo los apoyos sociales y populares que Franco tuvo, sino también el consenso social que fue incuestionable a partir de los cincuenta. Es un caso único, porque no solo conservó los apoyos iniciales (la media España que se sublevó o rebeló en julio de 1936 porque en palabras de uno de sus líderes no se resignaba a morir) sino que los amplió entre las masas neutras del país. No solo explicamos esto en el libro, sino que es algo que se desprende de las imágenes, que el lector ve.

-No sé si será exacto, pero esta es la primera biografía de Franco cuyo sustento son las fotografías. Cientos de ellas son inéditas y la mayoría de gran calidad dado el tamaño de impresión del libro 23 x 31.

-El editor ha hecho un gran esfuerzo. Hoy se imprime poco en gran tamaño, tipo folio, y menos en este que es mayor, pero las fotografías se tienen que ver bien. No pocas provienen de negativos, algunas se han restaurado; y Franco debía de ser bastante cuidadoso. En la selección y el tratamiento ha sido fundamental el trabajo de Dionisio Rodríguez. No sé si será la primera en puridad como usted apunta, pero sí en el concepto de una biografía realizada y estructurada a partir de fotografías. Es el texto el que ilustra las algo más de 1.600 imágenes y no a la inversa, que es lo habitual. Pero, además, es que son las fotografías de Franco, las que tenía en su archivo y que hemos podido localizar: unas están en el archivo de la FNFF, otras han sido cedidas por su familia. Inicialmente trabajamos sobre unas 6.000 fotos y seleccionamos unas 2.000. Tenga usted en cuenta que no es inusual que de un acto o de una sesión nos encontremos con 10/20 fotos. Luego contamos con algunas cedidas por familiares de sus ministros. Al estimar que no teníamos todo el material que guardaba no entramos en elucubraciones sobre por qué unas sí y otras no. Sí invitaría al lector a que se planteará la selección en los 50-60, que es donde teníamos más material, de fotos que tenía de audiencias y visitas internacionales. En ellas probablemente haya algo de afinidad con las personas y delegaciones o con los visitantes extranjeros. Algunas proceden de reportajes, que por las audiencias sabemos que le hacían llegar, desde las de la visita de Eisenhower, remitidas por el propio presidente americano, a las de manifestaciones en la Plaza de Oriente (Arriba). Lo solía hacer en los años 40 la agencia Cifra.

-Pasando páginas se percibe muy bien el ritmo cinematográfico de serie por capítulos tan habitual. Hay como dos partes dividas por la guerra civil…

-Sí. Nos interesaba explicar que Franco ya era Franco antes de la guerra. Ya era un mito surgido de una necesidad social. Es el héroe necesario o la proyección de esa necesidad. En África, se convierte en la leyenda heroica de una guerra llena de frustraciones para los españoles. Durante la República, es el valladar último ante la amenaza revolucionaria que se hace real en 1934 y al estallar la guerra es la esperanza ante lo que ha sido un fracaso entre el 18 y el 20 de julio de 1936 (se transforma en la única esperanza de salvar la vida para los que han quedado en la zona republicana, la más poblada, que se enfrentan al exterminio). Franco guardaba, suponemos que debió ir recuperando fotos porque gran parte de sus recuerdos se perdieron en el saqueo de su casa en Madrid por parte de los frentepopulistas, en unos álbumes sus fotos de África; las de Zaragoza se conservaban en las memorias de curso/promoción elaboradas. A las imágenes lo que acompaña en este período son los textos del propio Franco o los extraídos de la documentación militar. Ahí tenemos reproducidos no solo los extractos de sus memorias que el doctor Vicente Pozuelo publicó sino otros fragmentos como en el que narra una de sus primeras acciones en África, junto con la visión que la prensa transmitía del guerrero.

La segunda parte, los capítulos de la serie, son temáticos y en ellos vemos a Franco envejecer siendo Franco una y otra vez. 

-¿Las fotos derrumban mitos?

-Rotundamente sí. Fueron ellas las que vertebraron la obra, las que impusieron los capítulos. En el principio el planteamiento fue un libro meramente fotográfico con pies amplios, pero el material pedía otra cosa. Biografías de Franco hay muchas y seguirán llegando a las librerías, pero esta es distinta. Las fotos nos llevaron al intento de trazar una biografía personal. Las biografías de Franco son básicamente biografías políticas que recorren su régimen. Esas ya existen, el lector las conoce. El 75% de nuestro trabajo es otra cosa. 

Las fotografías destruyen el mito. Mejor dicho el antimito de los hagiografos del antifranquismo. Nos dicen estos autores: Franco no era carismático, pues las fotos dicen lo contrario; Franco estaba frustrado… por su voz… y las fotos nos presentan a un orador de movimientos enérgicos que pronuncia cientos de discursos; Franco era despreciado internacionalmente, pues por las fotos no lo parece; Franco era un dictador impopular, odiado… pues las fotos dicen lo contrario. Y luego están las comparativas que quienes no tienen recuerdo directo de la época realizarán… animo a que se fijen en los dispositivos de seguridad que le rodean. Franco era el dictador de las oligarquías y los poderes financieros, nos cuentan, -en realidad no se llevó bien con las oligarquías tradicionales-, pero en las fotografías se pasa la vida repartiendo viviendas, inaugurando pueblos, dando tierras (las parcelas de Franco que se decía en Andalucía en la época); Franco causó el retraso de España y no la modernización, pero las fotos dicen otra cosa… Y eso que las 1.600 fotos son solo un pálido reflejo de la realidad.

-Me parece que habrá segunda temporada.

-No lo sé, pero hay capítulos por escribir, pero depende de las fuentes y del éxito de la primera temporada.

-En la obra, en la parte textual, aparecen muchos documentos.

-Serían las fotos de la palabra. Al tratar de realizar una biografía personal con poco material estrictamente personal -aparecen algunas cartas-, nos pareció importante buscar en el archivo de Franco esos documentos que tienen poco peso en una biografía política dado su valor anecdótico. Me sorprendió que Franco dedicara su tiempo, por ejemplo, a revisar la concesión de viviendas para casos extremos, muchos dramáticos, de necesidad. Ahí sí que utilizaba su omnímodo poder. Cómo la gente le escribe para pedirle cosas: desde una camioneta o furgoneta a una grúa (como esas y no otras conservaba es porque las debió atender), peticiones de ayuda de religiosos de cualquier lugar (tanto a él como a su mujer)… y hasta el discurso del padre Ángel en una de sus visitas que por lo que conozco de sus memorias se le ha debido olvidar… 

Franco disponía de unos fondos para ello que, a pesar de tener su contabilidad, algunos autores, todos los hagiografos del antifranquismo retrospectivo, confunden a conciencia con sus cuentas personales. Y vaya si los empleaba. Lo que ocurre es que casi siempre lo hacía sin publicidad. Solo era habitual publicarlo cuando se iniciaba la cuestación para Navidad que realizaba su mujer que en los últimos años era de 20.000 pesetas, lo que “animaba” a otros a contribuir.

Luego hemos querido dejar que sea Franco el que hable, el que nos diga cuáles eran sus intenciones, qué pensaba. Contamos con miles de páginas con sus discursos, sus numerosos escritos, artículos que no fueron, que sepamos, publicados; otros insertos en la prensa con pseudónimo. Por eso lo hemos utilizado profusamente en una biografía personal realizada para acercarnos al punto de vista de Franco.

-Pero si Franco era un mediocre orador, ayuno de sustento ideológico, de ideas simples…

-Le veo irónico. Lo que pasa es que los hagiografos del antifranquismo tienen alergía a la lectura de los discursos de Franco. Son muy interesantes y muy inteligentes. Aquello de “¿Y Franco qué opina de esto?”, era una realidad muy reveladora. Los discursos de Franco son comprensibles y directos. Él habla siempre como lo que era, un militar, sin artificios, sin adjetivos encadenados, sin frases inanes -hasta en ocasiones cuando está molesto se pone legionario-, expone logros, lo que se ha hecho y nunca promete nada que no vaya a cumplir. Y los oyentes lo saben, porque Franco se da enormes palizas hasta los setenta inaugurando cosas.

-Háganos un espoiler representativo del valor de una anécdota.

-Se va a enfadar el editor… Una que me llamó la atención, porque revela cómo era de opresiva y represiva la dictadura: Franco va de visita a Cataluña. Como es usual el jefe de la Organización Juvenil del Movimiento pide permiso a los colegios para que los chicos puedan ausentarse para acudir a homenajear al Caudillo a su paso por el lugar. Los salesianos no dan permiso pero 2 alumnos no hacen caso y se van a aclamar al Caudillo, ambos son expulsados del colegio por ello. Un dictador como Dios manda les hubiera cerrado el colegio, pero solo era Franco.

-De qué capítulo se siente más orgulloso.

-Yo particularmente del que hemos titulado “Cuando Franco era sólo Paco”. En él hemos podido tumbar y “zumbar” a los antifranquistas de pecunio y profesión (lo digo sin acritud). Pero dejo a los lectores el juicio.

-Para terminar defíname brevemente a Franco.

-En esto he variado mis puntos de vista. Franco fue un militar, que siempre actuó como tal; que aplicó a la política sus capacidades como militar, siendo para él la jefatura del estado un mando. Por ello siempre vivió en el pabellón de un general y por eso El Pardo era un cuartel, con rancho de cuartel, y su casa familiar el Pazo de Meirás. Fue también un héroe en la guerra, el “as de la Legión”, como se escribió en la época, aunque ahora se pretenda ignorar en el centenario de la unidad que ayudó a crear; fue un mito para los españoles que estuvieron con él y sigue teniendo ese componente mítico (pregúntele a Pedro Sánchez sobre ese valor mítico) y fue tan carismático como popular. 

Y ahí queda este libro que es un buen regalo para esta Navidad.

La penúltima victoria de Francisco Franco

Amanece el que para no pocos iba a ser el día D+1 del anunciado como “el día histórico”. A diferencia del de 1975, por razón de trabajo, no pude seguir completa la retransmisión por televisión. En 1975 Franco conseguía su última gran victoria. Aquellas imágenes, junto con la de los días precedentes, que no pocos españoles han vuelto a ver en estos días, demostraban el inmenso calor popular con que Franco era despedido. No hicieron entonces falta comentaristas, había sólo informadores,  porque las imágenes lo decían todo.

Anoche pude visionar los diversos programas emitidos por unas televisiones que repetían lo mismo, cada una en su estilo. TVE preparó un programa de continua manipulación histórica, con investigadores e historiadores orgánicos, que repetían errores de bulto, para dar visos de credibilidad a la verdad oficial de la izquierda, pero que, curiosamente, sin mencionarlo, trataban de argumentar contra el discurso histórico, mucho más potente, porque se asienta en la carga de la prueba, de quienes desmontan esa verdad oficial. La capacidad de manipulación de TVE, de la Cuatro o de la Sexta, en dura competencia, era tan bochornosa que llegaba a causar sonrojo. Por no entrar en la bien planificada agenda sorpresa de Sánchez destinada a capitalizar electoralmente la jornada.

Pude ver en directo, por la mañana, parte de la emisión mascullando, debo reconocerlo, algún insulto. Todo el preparado montaje visual y de discurso se quebró, se rompió, en el momento en el que se abrieron las inmensas puertas de la profanada y secuestrada Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Yo, como muchos españoles, sentí el dolor de no escuchar el himno nacional como en 1975. Sin embargo, ni Leni Riefhenstal lo hubiera dispuesto mejor. El poder de las imágenes, que acabarán censurando TVE y el gobierno, el indescriptible silencio, la inaudita disposición de las cámaras para los fines pretendidos, la fuerza del plano y las salvas de ordenanza (unos cohetes lanzados por dos jóvenes escondidos) que obligaron a TVE a bajar el sonido, transformaron el instante de la salida del féretro en una imagen triunfal. El féretro del Generalísimo, sin soldados de escolta, en una espartana soledad, era toda una declaración de principios y de homenaje.

Quienes lo comentaban se dieron perfecta cuenta de lo que estaba sucediendo. Tuvieron que intentar rehacer el discurso programado, pero hoy todo está guionizado, con los vídeos que se tienen que lanzar editados y es muy difícil cambiarlos sobre la marcha. Con desesperación y humillación, con cierto histerismo, repetían en todas las cadenas el guión preestablecido: la soledad de 2019 y las multitudes de 1975. Y el telespectador se daba cuenta de la formidable manipulación, porque si el féretro salía en la soledad de la familia (lo de los miembros del gobierno en forzado duelo detrás del féretro y la familia, en una posición de presidencia al permanecer en lo alto de la escalinata, era otro plano impagable) era porque el gobierno había tomado al asalto El Valle de los Caídos y prohibido el acceso. Pero, conforme al guión, incluso alguno pedía las imágenes del 75 para que nos diésemos cuenta de la soledad, las televisiones simultáneamente ofrecían la impresionante salida del féretro a la Plaza de Oriente a los sones del himno nacional, con la conjunción en el mismo plano de la multitud agitando pañuelos blancos y gritando “¡Franco, Franco, Franco!”. La fusión preparada entre las imágenes de 1975 y las de 2019 conseguía el efecto contrario al pretendido, y no pocos se dieron cuenta. La resultante tenía más de homenaje y dignidad que otra cosa.

Franco podía haber salido cubierto por la bandera nacional, que no tiene más significado sobre un féretro que el de un español que se entierra con su bandera, algo lógico. El gobierno, lo sabía todo el mundo, lo había prohibido en su deseo de humillar. Atónitos, pese a los desesperados intentos de difuminar la realidad (los conterulios no pudieron decir más tonterías en un minuto), percibieron la magnitud de lo que estaba pasando. Si TVE lo censuraba, en la Sexta, para pasmo, oyeron las salvas civiles.

Franco abandonaba el Valle de los Caídos a hombros de sus familiares, todos con la bandera de España en la solapa, en el mismo féretro de 1975, pese al intento de abrirlo y cambiarlo, con una cubierta que sin pretenderlo le daba un efecto fotográfico inesperado, con una corona de laurel con lazo de bandera de España, símbolo de victoria, con cinco rosas -símbolo de los caídos y de las 5 flechas que como Jefe Nacional del Movimiento siempre portó sobre su uniforme-, y cubierto con el tapiz con el escudo que era su guión de mando como Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Estado, que a la vez incorpora el símbolo de la Gran Cruz Laureada de San Fernando y su bastón de mando, que también figura en la 1ª Bandera de la Legión. Tras él caminaba el prior del Valle de los Caídos, que bendijo el féretro allí mismo, para que todos lo vieran, en el momento que para TVE era imposible cortar la señal. Y todos pudimos oír el “¡Viva España!¡Viva Franco!” (Sánchez ya debe ir pensando en aplicar a los Franco la LMH).

Franco en soledad, con su familia, con el monje de una montaña perdida y unos muchachos, estaba consiguiendo su penúltima victoria. Podía haber sido aún mayor de no localizar la fuerza armada, poco antes, a unos muchachos, que llevaban sufriendo toda clase de penalidades dos días en los montes, situados en uno de los riscos sobre la Basílica, con bengalas de humo de colores y bandera de España que iban a lanzar y exhibir cuando el féretro saliera a la explanada.

Que esta es la lectura correcta lo demuestra que no pocos en la izquierda así lo han interpretado y recriminado a Sánchez. Así pues, del día D+1 lo que queda para la Historia de la jornada “triunfal” preparada por el socialismo es la penúltima victoria de Franco, junto con la advertencia lanzada por su nieta: “Que la maldición de desenterrar a un muerto caiga sobre vosotros”. Y vaya si cayó unos minutos después.

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