Francisco Torres García

La estantería del historiador

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El incoherente pregonero de la Semana Santa alicantina

Seguramente el personaje de la foto sea para el lector un perfecto desconocido, un hombre gris con traje. Tampoco creo que arroje mayor luz mencionar su nombre, José Miguel Saval. Lo más probable es que usted se haya dicho: <<Seguro que es un político de fructífera carrera>>. Evidentemente está en lo cierto.

Desde hace unos días anda intentando levantar cortinas de humo y esquivando dar explicaciones. Me cuentan que, según parece, se hace llegar que no fue él… pero la hemeroteca es muy mala y todo el mundo sabe que el alcalde de Callosa de Segura, días antes, había pedido a la Subdelegación del Gobierno el envío de fuerzas, Guardia Civil, para proceder al derribo de la Cruz de Callos. Y el subdelegado, a quie compete ello, las envió.

Pues resulta que el señor de la foto es José Miguel Saval, político de larga carrera en cargos del Partido Popular y en la actualidad Subdelegado del Gobierno en Alicante. El mismo al que el alcalde Maciá, que espera que el derribo de la Cruz le lleve a puestos más altos, escribía pidiendo auxilio.

La sorpresa es que este político del PP, profesor universitario, va a ser el inminente pregonero de la Semana Santa en Alicante por elección, con anterioridad a los hechos, del Consejo Rector de la Junta Mayor de Hermandades y Cofradías. Evidentemente, si yo me llamara José Miguel Saval, tras lo sucedido, declinaría la invitación para evitar que alguien se sienta ofendido al no comprender su actuación.

Claro que si yo fuera José Miguel Salva, miembro de la Hermandad del Perdón que desfila por Alicante el Jueves Santo, profesor de la Universidad de Alicante, hace días que, antes que contribuir al derribo de la Cruz de Callosa, hubiera antepuesto mis creencias al cargo político y hubiera vuelto a mis clases. Pero yo no soy José Miguel Saval… próximo pregonero de la Semana Santa alicantina.

Afirma el texto sagrado: <<Por sus hechos los conoceréis>>. Ahora bien, resulta que para ser pregonero hay que ser creyente y vivir la Semana Santa, y José Miguel Saval se ha dado a conocer por ser el <<presunto responsable>> del envío de la fuerza pública, que ha tenido tomada la plaza unos días, para que un alcalde socialista con ambiciones, que según parece no tuvo reparo alguno a la hora de contemplar los hechos con chufla desđe la casa consistorial, pudiera derribar una Cruz en Callosa de Segura.

Ahora, con su faz de pregonero difundida, el subdelegado del gobierno, político del PP, no puede refugiarse ni en su servidumbre a la ley ni en su solicitud para atender los deseos de un alcalde socialista, cuando como creyente notorio y visible podía haber dimitido antes que contribuir a la ignominia; o, al menos, haber esperado a la sentencia del TSJ de Valencia, en vez de amparar y proteger el derribo vergonzoso de una Cruz que ha acabado tirada por los suelos en plena calle tras una verja.

En este tiempo la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Callosa ha vetado la presencia en actos y procesiones del tripartito que gobierna Callosa. Ahora, resta que suceda lo propio en Alicante o que el señor José Miguel Saval, por coherencia, decline ser pregonero porque prefirió ser subdelegado del gobierno. Pero me temo que eso sería mucho pedir.

Asco y vergüenza tras el ahorcamiento de una Cruz

Hay imágenes que causan asco y vergüenza, rabia e impotencia, pero que muestran el grado de misería y cobardía moral, de podredumbre y servilismo, del gobierno y de todos y cada uno de los cargos, desde diputados a concejales, del Partido Popular.

400 días ha estado el pueblo en Callosa de Segura defendiendo la Cruz de los Caídos, con sus 81 nombres de víctimas de la guerra civil del bando nacional, víctimas de los que hoy hasta el PP proclama como los “buenos”. Mujeres de edad con sus sillas y termos, en invierno y en verano, protesta popular, Numancia redivida, que han estado a los pies de la Cruz para parar el desaguisado que al fin han perpetrado un alcalde socialista, que lo es gracias a los votos podemitas y de otros especímenes de la izquierd, con la inestimable ayuda, eso sí, del gobierno.

Y ¿qué culpa tiene el PP de eso?, me dirán los lectores de “derechas de toda la vida”, fieles votantes del PP, tan fíeles como la mayoría de los movilizados en Callosa (que por cierto presentaron más firmas en defensa de la Cruz que votos tiene toda la izquierda allí) que son votantes del PP de toda la vida. Pues tiene toda la culpa, tanto por ser colaborador necesario que como por pecado de omisión.

En Callosa no solo era una cuestión de recuerdo a los caídos del pueblo. Algo a lo que según la literalidad, no la aplicación ni el espíritu, de la LMH vigente tienen derecho -el PP naturalmente defiende la lectura de la izquierda-; era también una demostración de odio a la Cruz por lo que esta significa. Y no es una excepción: ¿acaso no hemos visto cómo, sin contemplaciones, una pala destrozaba una Cruz en un pueblecito?

Esta madrugada hemos visto cómo los esbirros ahorcaban en Callosa una Cruz, protegidos, eso sí, por la fuerza pública. Lo han hecho porque los vecinos se han quedado solos, porque eso que llaman derecha prefiere que caiga una Cruz antes que enfrentarse ideológicamente a la izquierda, ser llamados franquistas o perder el sillón (mejor perder la dignidad que la mamandurria).

No, no exagero. El edil de Callosa, socialista por más señas, lacayo que busca hacer méritos ante su señor -ese Sánchez al que tanto está dispuesto a acariciar está Mariano-, ha conseguido lo más fácil -no era lo más difícil como alguien pensaba- que la Subdelegación del Gobierno, el PP, en vez de amapararse en los recursos presentados, enviara a la Guardia Civil en número imponente a despejar la plaza para ahorcar la Cruz. Lo ha hecho porque como son los defensores personas normales, nada violentas, padres, madres y ancianos, no era necesario esconderlos en hoteles y barcos ante la respuesta a su labor (¿recuerdan lo sucedido en Cataluña no hace tanto?). Lo ha hecho porque ni les daban miedo, ni era necesario el frío cálculo político de la conveniencia (¿recuerdan cómo el gobierno no ha activado la euro orden para detener al delincuente Puigdemont en Dinamarca?), porque estiman que eso no les va a costar ni un voto y que además, cuanto más se ciscan en lo que estos piensan más les votan.

Pero es aún más grave porque el gobienro y la Delegación del Gobierno sabían que el derribo estaba en el Tribunal Superior de Justicia de Valencia y que se esperaba resolución de las medidas cautelares. El Delegado del Gobierno tenía la obligació de instar al alcalde a esperar la resolución antes de actuar. La resolución iba a llegar esta mañana. ¿Tenía el alcalde noticia de la resolución y por eso actuó de madrugada? El alcalde sacó a los obreros de la cama -ya se sabe cómo respetan al trabajador estos individuos-. La subdelegació, en una actuación cuanto menos connivente, envió los guardias. Derribaron la Cruz y a primera hora llegó la orden del TSJ que obligaba al alcalde a no derribar la Cruz. ¡De ahí las prisas del alcalde y de la delegación gubernativa del PP! Una burla a la justicia y a los tribunales.

Ls Cruz ha caído no solo porque el gobierno del PP no haya derogado una ley totalitaria como la de la memoria histórica vendiéndose a un concepto ideológico de la izquierda, sino porque ni tan siquiera ha tenido el valor político de ampararse en la literalidad de la ley para defender el derecho de los otras 80.000 víctimas de la guerra civil; porque a no pocos de sus alcaldes y concejales les falta tiempo para aplicarla -colaboracionismo impulsado por Génova 13-.

Y en el colmo de los despropósitos, ahora, manda a los guardias contra los manifestantes, contra sus votantes, para ahorcar una Cruz.

¡Cobardes, cobardes y cobardes¡ No existe otro calificativo más apropiado. Tanto lo son, que ya han anunciado su abstención ante la propuesta de Ley del PSOE, aún más totalitaria, que facultará para derribar cualquier “homenaje”, es decir cualquier Cruz o lápida, que exista en una Iglesia o en un Cementerio; esa que vulnera no pocos artículos de la Constitución y que convierte en juez y fiscal a un político para que persiga el delito de opinión. Esa propuesta que Ciudadanos piensa votar a favor porque Rivera también prefiere el sillón al principio de Libertad que afirma defender.

No solo es culpable el que odia, porque forma parte de su credo político, sino también el que lo permite y coadyuva a que el odio pueda actuar, incluyendo a los que se refugían en el ambiente crapulesco de la abstención.

El PP ha dado barra libre para ahorcar y destruir cruces y no le importa, si es necesario, mandar a los guardias. Así de simple.

PD: No sé si a estas horas aún seguirá detenido el joven falangista que para impedir el ahorcamiento se encadenó a la Cruz como última defensa. Tampoco sé si a esta horas los concejales de Callosa del PP han roto sus carnés y se los han enviado a Mariano en un orinal.

(Publicado en Diario Ya 3-1-2018)

Las medallas murcianas de Franco

Leo al cronista oficial de Murcia, señor Botías, explicarnos en La Verdad lo de las medallas del Ayuntamiento y la Diputación que le concedieron a Franco en 1945. Esas que los podemitas murcianos reclaman al alcalde Ballesta del PP que retire a Su Excelencia el Generalísimo. Lo que estimo este hará encantado de la vida, aunque supongo que a estas alturas a don Francisco le importará un pimiento.
¡Lo mismo piensa que hasta que unos comunistas reciclados le quiten una medalla es un honor y no un agravio!
Se luce el cronista para salvar los muebles en el relato (es curioso que nos ilustre e ironicé con lo publicado por Línea -diario falangista entonces-, pero se olvide de mostrarnos lo que decía La Verdad, que supongo no se quedaría atrás en el incienso y el peloteo) con su crónica de la visita del Caudillo a Murcia (Preston y Viñas también escriben Caudillo así, en mayúsculas y sin comillas).
Me llama la atención en el artículo ese lenguaje con el que intenta disimular una realidad palmaria que se escurre a borbotones entre sus líneas: la popularidad de Franco (lógicamente entre los suyos que eran muchos, muchísimos, y algunos hasta con apellidos de los que hoy andan por Murcia en política y hasta en periodismo).
Y aunque el señor Botías busque como disimularlo, lo cierto es que Franco fue recibido por una multitud entusiasta que sí que llegaba al Malecón. Y de ello quedan muchas fotos y hasta algunos testigos.
El problema es que eso es lo que molesta a no pocos,  la multitud; porque ya se sabe que Franco era un señor que lo hacía todo el solito.
Busca el señor Botias la chanza irónica con eso de la unanimidad en la concesión, como si alguien obligara a la entrega de medallas (hasta el Barça que era más que un club le impuso tres a don Francisco). Era simplemente lo normal. No en vano eran todos los gestores de la Diputación y los concejales franquistas (podía el cronista haber hecho el listado como curiosidad en los apellidos), y al cargo no obligaba ni don Francisco.
Y, la multitud, no era exageración de la época, como nos insinúa el señor Botías. No hubo cordones de seguridad  que como señala controlara el entusiasmo -siempre me río cuando veo esos cordones y comparamos con la actualidad- y, ciertamente, sí hhubo estrujamiento al Caudillo como demuestran las fotos.
Era así en Murcia y en muchas partes.
El problema con Franco de casi todos los escribanos, escribientes, tertulianos e historiadores, es que se les hace cuesta arriba reconocer que eran muchos, muchos, los españoles -también los murcianos- que estuvieron con Franco o le apoyaron.
Claro que lo mismo con la LMH le pegan fuego a las fotos y se destruyen las cintas de película para borrar la historia, porque lo de la autocensura hace tiempo que me parece una realidad; aunque me gustaría estar equivocado.

PD: Le faltó al articulista decir que aquellos manifestantes estaban a la fuerza, que les daban bocadillos y que había guardias armados para que gritaran ¡Franco, Franco, Franco! Ese señor bajito que hacía pantanos y trasvases con lo que a Murcia le hizo algún favor.

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